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Sep 17 2016

N° 936 Estuvo agonizando tres días, recobrando el conocimiento de vez en cuando

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En el número 936 del Diario, Santa Faustina nos dice lo siguiente: “Cierta alma que estaba en nuestro pabellón, estaba muriendo, sufría tremendamente, estuvo agonizando tres días, recobrando el conocimiento de vez en cuando. Todos en la sala rogaban por ella. Yo también deseaba ir, pero la Madre Superiora me había prohibido visitar a los agonizantes, por eso rogaba por esa querida alma en mi habitación aislada. Pero al saber que aun sufría y que no se sabía cuánto tiempo iba a durar todavía, repentinamente algo agitó mi alma y le dije al Señor: Oh Jesús, si todo lo que hago Te es agradable, Te ruego, como una prueba de esto, que esa alma no sufra mas, sino que pase en seguida a la felicidad eterna.  Pocos minutos después supe que aquella alma se había dormido tan serena y rápidamente que ni siquiera dio tiempo de encender la vela.”


Santa Faustina vuelve a mencionar lo importante que es acompañar al agonizante con la oración, esta es un arma fundamental para que Jesús mismo libre la última batalla entre el alma y el demonio quien desea por todos los medios esa alma pronta a partir.

El alma esta en sufrimiento, puede que por sus pecados veniales no confesados, puede que a cuentas del Purgatorio, lo cierto es que esta alma está purificándose y acortar esa purificación por el egoísmo de no verle sufrir, es casi tanto como condenar al alma misma.

Hay muchas cosas que nuestras débiles mentes no alcanzan a comprender, debemos recordar que al tener los ojos vendados a lo invisible también tenemos nuestra conciencia limitada a ello, esto es a causa del mismo pecado.

Si jamás se hubiera pecado, posiblemente estas limitaciones no existirían, ya que hemos podido ser testigos de almas que permanecieron en una vida de santidad que han podido ver y oír cosas que nosotros no.

Jesús en el Evangelio ha dicho: “Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen”, y por eso muchas de estas situaciones no son comprendidas por nosotros y ante el sufrimiento enseguida abogamos a Dios para que las almas en agonía no sufran y las lleve con Él.

Mas sin embargo este pedido no está hecho en un profundo amor, sino mas bien está basado en nuestro egoísmo que no gusta de ver o saber que alguien está sufriendo.

Si este pedido estaría basado en el puro amor, seguramente el Señor oiría rápidamente nuestro pedido y como en el caso que nos narra Sor Faustina, Él tomaría a esa alma solo por complacernos, cabe recordar que nuestro amor por Él debe estar continuamente en manifiesto para que el Señor guste en complacernos, porque se siente complacido por nosotros.

No hay pruebas científicas que en el momento de la agonía pueda existir un trato entre Jesús y el alma, sin embargo en varias narraciones que podemos apreciar en el Diario esto es posible, y ante la ciencia y Dios mi postura es creer en lo que Dios con Su propia Palabra me dice.

El diálogo entre Dios y un alma existe, y dadas las circunstancias en que Jesús desea que nadie se pierda, es posible entonces comprender que para las almas que mas han pecado o para aquellas que pueden servir como almas víctimas, es decir para que otros se salven, Jesús tenga un dialogo de amor con ellas y que ellas acepten el sufrimiento  para pagar penas propias o penas ajenas.

Debemos recordar que la agonía es la última oportunidad que un alma tiene para realizar méritos propios, luego cuando llega el paso transitorio de la muerte, ya nada puede hacer para ganar méritos por propias cuentas, se debe depender de la oración de la Iglesia peregrina y la Iglesia triunfante.

Entonces, ¿Como un Dios que da oportunidades durante toda la vida, no la daría minutos o días antes de la muerte?. Sin duda alguna el amor y la misericordia de Dios todo lo ven, todo lo contemplan y todo lo asisten.

Podemos notar en el diálogo de amor de Sor Faustina para con Jesús, la rápida respuesta de Él al clamor de amor de Su Apóstol, no dudó ni por un instante en responder a sabiendas que Sor Faustina experimentaba un gozo sin igual en el ofrecimiento del dolor por la salvación de las almas.

Nosotros a diferencia de Sor Faustina, no ofrecemos sufrir para que otro deje de sufrir, ahí esta el acto de amor sublime que estamos mencionando, queremos que el otro deje de sufrir pero ni en broma aceptamos el sufrimiento del otro, en una palabra, queremos que Jesús haga todo a nuestro antojo sin que nada nos cueste.

Aquí nos olvidamos también de la Palabra de Jesús en el Evangelio: “El buen amigo, da la vida por sus amigos”, así como Jesús la dio por cada uno de nosotros sin dudarlo ni por un instante.

Te invito a rezar en este día la Coronilla a la Divina Misericordia, pidiendo perdón a Jesús por las veces que actuamos egoístamente y pidiéndole la gracia de sufrir un desapego al egoísmo en nuestras almas para saber brindarnos, especialmente en el hermano que sufre, Amén.

Dios este contigo!
Javier Ils

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