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Sep 25 2016

N° 833 Cuánta envidia hay también en la vida de religiosos

religiosas

En el número 833 del Diario, Santa Faustina nos dice lo siguiente: “He conocido por experiencia cuánta envidia hay también en la vida de religiosos. Reconozco que son pocas las almas verdaderamente grandes que pisotean todo lo que no es Dios. Oh alma, fuera de Dios no encontraras la belleza. Oh qué base tan frágil tiene quien se eleva a costa de los demás. Qué pérdida.”


Precisamente en este número Santa Faustina nos habla de un mal que hoy devora al mundo, la envidia, este mal no solo lo vivimos prácticamente todos los que estamos en el mundo, sino que también en la vida religiosa nos deja nota Sor Faustina de que esto también sucede con frecuencia.

Santa Faustina da aquí una clave para solucionar esto, pedirle a Jesús que nos ayude a ser almas verdaderamente grandes para poder así pisotear todo lo que no es de Dios.

A veces como seres humanos nos cuesta darnos cuenta cuanto mal pueden causar el abrir la puerta a estas cosas del mundo, ya que la envidia, por ejemplo: puede ser una de las causales por la escasez de vocaciones.

El permitir que en lugares donde debe reinar la santidad, entren las cosas del mundo hacen que los lugares ya no se conserven todo para Dios, sino por el contrario, las cosas del mundo hacen finalmente que El se aleje de estos lugares ya que se les termina dando mas lugar que a Dios mismo.

El amor es la clave que supera todas las situaciones mundanas, envidias, habladurías, divisiones, etc. quien no sabe vivir en el amor no podrá por consecuencia conseguir las virtudes que de el proceden tales como la paciencia, la tolerancia, la convivencia, la misericordia, etc.

La envidia hace que siempre nos sintamos inferiores a los demás y que para sentirnos mas debamos subir a costa de los otros, la envidia nos lleva a una comparación continua con el otro y perdemos lo esencial, ser imitación de Cristo.

Si en verdad deseamos imitar a Cristo, lo primero que debemos hacer es desechar todo aquello que perjudica a nuestra alma, caso contrario podremos tener una imagen de Cristo pero no ser imitación de Él.

Una persona con envidia puede aparentar una santidad suficiente, sin embargo a Jesús esto no lo convencerá y pedirá cuentas debidas a su determinado tiempo por no haber seguido el camino señalado por Él hacia la santidad.

Jesús hace notar de esto a Santa Faustina, por los dichos de ella, experimentados en primera persona, no para que sea cuestión de juicio, sino mas bien para que sea ocasión de corrección y de esta forma hablemos de lo que no se habla normalmente para un mejor crecimiento comunitario y en santidad individual.

El Diablo entra en todos lados sembrando su mejor semilla la envidia, no olvidemos que el envidia todo, especialmente la santidad e intentará corromperla a cualquier precio, jamás dudará donde el vea santidad de sembrar la envidia.

Con la envidia el Diablo hace un trabajo perfecto porque el alma sin darse cuenta está siendo corroída poco a poco hasta el punto que cuando llega al odio ya es difícil la vuelta atrás por si mismo.

Por ello mas que rasgarnos las vestiduras por lo que leemos, debemos dar gracias a Dios por este valioso instrumento que ha sido Santa Faustina en la tierra capaz de hablar de las cosas difíciles de una manera sencilla, para comprender y corregir.

Como siempre digo, si rezo a diario la Coronilla o todas las oraciones y siento envidia es lo mismo que no rezara porque lo que hago en oración lo destruyo en obras.

Debemos detenernos un momento y meditar preguntándonos ¿Como ando de la envidia hoy?. de esta manera cada día iremos corrigiendo estas situaciones que nos van alejando de la vista de Dios.

Te invito en este día a rezar la Coronilla a la Divina Misericordia, pidiendo perdón a Jesús por las veces que he sentido envidia por alguien, teniendo presente que cada vez que hago o siento algo por alguien, es también por Él que hago o siento. Comencemos a amar para que Jesús también se sienta amado por nosotros. Amén.

Dios este contigo!
Javier Ils

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